Los atardeceres de Benicàssim con su mar Mediterráneo en calma, reflejan el espíritu de esta tierra, que aporta paz y serenidad a aquellos que la visitan y disfrutan. A veces el silencio o el suave sonido de las pequeñas olas chocando con la orilla aportan más que todo el ruido y energía del mundo.

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